Atajos de vendimia
Cuando llega septiembre, los caminos se llenan de voces, cajas y tijeras que chasquean como metronomos felices. Las cuadrillas convierten atajos en ríos de uva; el aire huele a mosto y madrugones compartidos. Camina a distancia respetuosa, aprende el nombre de una parcela, pregunta por la acidez perfecta, observa manos rápidas, y comprende por qué cada senda, en días así, late como una celebración humilde donde el paisaje se vuelve trabajo, canto y promesa líquida.